sábado, 19 de agosto de 2017

Martirologio Romano 19 de agosto


SAN LUIS,
Obispo y Confesor

n. 1274 en Nocera, Italia; † 1297

SAN LUIS, Obispo y Confesor

Que vuestra modestia sea conocida de todos los hombres,
pues el día del Señor está cerca.
(Filipenses 4, 5)

  • En Caén de Francia, san Juan Eudes, Confesor, Misionero Apostólico, Fundador de la Congregación de Presbíteros de Jesús y María, y de la Orden de las Monjas de nuestra Señora de la Caridad, y promotor del culto litúrgico de los Sacratísimos Corazones de Cristo y de su Madre. El Papa Pío XI le puso en el catálogo de los Santos.
  • En Roma, san Julio, Senador y Mártir, el cual, entregado al Juez Vitelio, y por él encarcelado, fue, de orden del Emperador Cómmodo, apaleado hasta expirar. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Calepodio, en la vía Aurelia.
  • En Anagni, san Magno, Obispo y Mártir, que fue muerto en la persecución de Decio.
  • En Cilicia, el triunfo de san Andrés, Tribuno, y sus Compañeros soldados; los cuales, después de conseguida milagrosa victoria contra los Persas, se convirtieron a la fe de Cristo, y acusados por esto, fueron, de orden del Emperador Maximiano, bárbaramente muertos por el ejército del Presidente Seleuco en los desfiladores del monte Tauro.
  • En Palestina, san Timoteo, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Urbano, después de sufridos muchos suplicios, fue quemado a fuego lento. Padecieron también allí mismo Tecla y Agapio: Tecla, expuesta a las fieras y despedazada entre sus dientes, pasó al Esposo; Agapio, superados muchísimos tormentos, fue reservado para mayores combates.
  • En Roma, san Sixto III, Papa y Confesor.
  • Junto a Briñoles, en la Provenza, el tránsito de san Luis, de la Orden de Menores, Obispo de Tolosa, ilustre por la santidad de vida y por los milagros; cuyo cuerpo, trasladado de allí a Marsella, fué honoríficamente colocado en la Iglesia de los Menores. Más tarde fue trasladado a Valencia de España y colocado en la Iglesia catedral.
  • En la aldea Sisterón, en Francia, san Donato, Presbítero y Confesor, el cuál, dotado, desde los comienzos de la infancia, de admirable gracia de Dios, hizo muchos años vida anacorética, e insigne en el don de milagros, se fue con Cristo.
  • En el territorio de Bourges, san Mariano, Confesor, cuyas virtudes y milagros celebró con grandes alabanzas san Gregorio, Obispo de Tours.
  • En Mantua, san Rufino, Confesor.
  • En Nuremberg, san Sebaldo, Ermitaño, muy esclarecido en milagros, que fue agregado al catálogo de los Santos por el Papa Martín V.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN LUIS, 
Obispo y Confesor

San Luis, hijo de Carlos II, rey de Nápoles, y sobrino nieto de San Luis, rey de Francia, fue dado como rehén a Pedro, rey de Aragón. Vuelto a la libertad, rechazó un magnífico casamiento y la corona de Nápoles, para permanecer fiel al voto que durante su cautividad había emitido de entrar en la Orden de San Francisco. “Jesucristo –dijo el santo– es mi reino: poseyéndolo, poseo todo; si lo perdiese, pierdo todo”. Elevado, no obstante su resistencia, a la sede episcopal de Tolosa, edificó a su pueblo con una caridad sin límites y una admirable modestia. Siempre iba acompañado por un religioso encargado de decirle sus faltas. Murió prematuramente, en el año 1297, contando apenas 23 años de edad.

viernes, 18 de agosto de 2017

Martirologio Romano 18 de agosto


SAN AGAPITO
,
Mártir

† decapitado hacia el año 274

Dios no nos ha dado un espíritu de temor,
sino de fortaleza y amor y sobriedad..
(2 Timoteo 1, 7)

  • En Palestrina, el triunfo de san Agapito, Mártir, que, siendo de quince años y ardiendo en el amor de Cristo, de orden del Emperador Aureliano fue preso y azotado primero largamente con crudos nervios; después, por mandado del Prefecto Antíoco, padeció más graves suplicios; y últimamente, de orden del mismo Emperador, arrojado a los leones y saliendo ileso, fue atravesado por la espada del verdugo para ser coronado.
  • En Roma, los santos Juan y Crispo, Presbíteros, que, en la persecución de Diocleciano, sepultaron con grandísima piedad muchos cuerpos de santos, de cuyos méritos hechos ellos también partícipes, se granjearon los goces de la vida eterna.
  • En Roma igualmente, los santos Mártires Hermas, Serapión y Polieno, que, arrastrados por entre angosturas y ásperos peñascos, entregaron a Dios sus almas.
  • En la Iliria, los santos Mártires Floro y Lauro, canteros, los cuales, en tiempo del Presidente Licinio, después del martirio de sus maestros Próculo y Máximo, ambos, al cabo de muchos tormentos, fueron sumergidos en un pozo profundo.
  • En Mira de Licia, los santos Mártires León y Juliana.
  • En Metz de Francia, san Fermín, Obispo y Confesor.
  • En Roma, en la vía Lavicana, santa Elena, madre del religiosísimo Emperador Constantino el Grande, el primero que dio a los demás Príncipes ejemplo de defender y amplificar la Iglesia.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.



SAN AGAPITO,
Mártir

San Agapito, mártir en Prenesta, en la Campaña romana, fue encarcelado a la edad de quince años, azotado con nervios de buey y arrojado después en una espantosa mazmorra, donde quedó abandonado cuatro días sin alimento. Sacándolo de allí, le pusieron brasas encendidas sobre la cabeza, y como no cesaba de dar gracias a Dios, lo suspendieron de los pies encima de un brasero; en seguida arrojaron agua hirviendo y le quebraron las mandíbulas. Por fin, fue arrojado a los leones, y como éstos lo respetasen, se dio término a sus tormentos decapitándolo, hacia el año 274.

jueves, 17 de agosto de 2017

Martirologio Romano 17 de agosto


SAN JACINTO,
Confesor

n. 1185 en el Castillo de Lanka, Polonia;
† 15 de agosto de 1257 en Cracovia, Polonia

Mirad, hermanos, que andéis con gran circunspección,
no como necios, sino como prudentes,
recobrando el tiempo, porque los días son malos.
(Efesios 5, 15-16)


  • San Jacinto, de la Orden de Predicadores, Confesor, que durmió en el Señor el día 15 de Agosto.
  • En Cartago, los santos Mártires Liberado, Abad, Bonifacio, Diácono, Siervo y Rústico, Subdiáconos, Rogato y Séptimo, Monjes, y el niño Máximo; los cuales, en la persecución Vandálica y reinado de Hunerico, por la confesión de la fe católica y por la defensa de un solo Bautismo, fueron atormentados con varios e inauditos suplicios, y finalmente atravesados con clavos sobre leños para ser quemados en ellos, y aunque muchas veces encendido el fuego, siempre milagrosamente apagado, mandó el tirano golpearlos con los cuentos de los remos hasta triturarles las cabezas, con lo cual, coronados por el Señor, acabaron la carrera de tan hermoso combate.
  • En Acaya, san Myrón, Presbítero y Mártir, a quien de orden del Presidente Antípatro, en Cícico, imperando Decio, después de muchos tormentos, cortaron la cabeza.
  • En Cesarea de Capadocia, el triunfo de san Mamés, Mártir, hijó de los santos Mártires Teódoto y Rufina, que desde su primera infancia hasta la vejez sufrió un prolongado martirio, y al fin, siendo Emperador Aureliano y Presidente Alejandro, lo consumó felizmente. Los santos Basilio y Gregorio Nacianceno le celebran con grandísimas alabanzas.
  • En Nicomedia, los santos Mártires Estratón, Felipe y Eutiquiano, los cuales, condenados a las fieras y no recibiendo daño, consumaron el martirio por el fuego.
  • En Tolemaida de Palestina, el suplicio de los santos Mártires Pablo y Juliana, Virgen, su hermana; ambos de orden del Emperador Aureliano, porque perseveraban constantemente en la confesión de Cristo, fueron atormentados con diversas y muy crueles torturas y por último decapitados.
  • En Roma, san Eusebio, Papa.
  • En Terni, san Anastasio, Obispo y Confesor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SAN JACINTO, 
Confesor

San Jacinto renunció a todas las ventajas que procura un noble nacimiento, la fortuna y el talento, para entrar en la orden que Santo Domingo acababa de fundar. Sus predicaciones, acreditadas por el don de milagros, produjeron en Polonia efectos maravillosos: hubiérase creído estar en los hermosos días del cristianismo naciente. Después de haber fundado varios monasterios en ese reino, recorrió Prusia, Dinamarca, Suecia y Noruega, que todavía en parte eran paganas: de allí pasó a Ucrania y a Rutenia y penetró hasta el Mar Negro, obrando a su paso numerosas conversiones y fundando monasterios para perpetuar su obra. De vuelta a Cracovia, cayó enfermo y expiró el día de la Asunción en 1257.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Martirologio Romano 16 de agosto


SAN ROQUE,
Confesor

n. 1295 en Montpellier, Francia;
† 1327 en Montpellier, Francia

Patrono de los perros; cirujanos; personas falsamente acusadas; inválidos; solteros. Protector contra las epidemias y plagas; cólera; problemas y enfermedades de la piel; problemas de la rodilla.

Se armará nación contra nación,
y un reino contra otro reino;
y habrá pestes, y hambres,
y terremotos en varios lugares.
(Mateo 24, 7)


  • San Joaquín, padre de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, de cuyo tránsito se hace mención el día 20 de Marzo.
  • En Roma, san Tito, Diácono, el cual, por distribuir dinero entre los pobres, cuando la ciudad se hallaba ocupada por los Godos, fue muerto de orden del bárbaro Tribuno.
  • En Nicea de Bitinia, san Diomedes, médico, que, en la persecución del Emperador Diocleciano, por la fe de Cristo, pasado a cuchillo consumó el martirio.
  • En Palestina, treinta y tres santos Mártires.
  • En Ferentino de los Hérnicos, san Ambrosio, Centurión, que, en la persecución de Diocleciano, atormentado de varias maneras, y, últimamente, habiendo pasado ileso por el fuego, sumergido en el agua, llegó al refrigerio.
  • En Milán, el tránsito de san Simpliciano, Obispo, célebre por testimonio de los santos Ambrosio y Agustín.
  • En Auxerre, san Eleuterio, Obispo,
  • En Nicomedia, san Arsacio, Confesor, el cual, en tiempo del perseguidor Licinio, abandonando la milicia, pasó la vida en un yermo, y fue tan esclarecido en virtudes, que se lee lanzó los demonios y mató un gran dragón con sus oraciones; finalmente, profetizando la futura ruina de la ciudad, puesto en oración, entregó su espíritu a Dios.
  • En Montpeller de la Galia Narbonense, el tránsito de san Roque, Confesor, que, con la señal de la cruz, libró de la peste muchas ciudades de Italia. Su cuerpo fue después trasladado a Venecia, y honoríficamente colocado en una Iglesia dedicada a su nombre.
  • En Roma, santa Serena, que fue, algún tiempo, mujer de Diocleciano Augusto.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


SAN ROQUE, 
Confesor Laico

San Roque, después de la muerte de sus padres, que eran los señores de Montpellier, vendió sus bienes y distribuyó su precio entre los pobres. Habiéndose declarado una peste en Italia, fue a este país para consagrarse a las víctimas del terrible flagelo. A un gran número curó con la señal de la cruz. Dios recompensó su abnegación curándolo a él mismo, por intermedio de un ángel, de una herida que había recibido. Cuando cayó enfermo en un bosque, todos los días recibió un pan que le traía un perro de un gentilhombre. De vuelta a Montpellier, fue tomado por espía y encarcelado. Permaneció así cinco años y murió en la cárcel a mediados del siglo XIV.

martes, 15 de agosto de 2017

Dom Gueranger: La Asunción de la Santísima Virgen María







"Año Litúrgico"
Dom Própero Gueranger



LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


La Asunción de Nuestra Señora es una de nuestras solemnidades litúrgicas más alegres.

"Gaudent Angelí! Gaudete, quia cum Christo regnat". La Iglesia del Cielo y la de la tierra se unen a la dicha infinita de Dios que acoge y corona a su Madre. Ambas a dos celebran con amor la alegría virginal de la que entra, ya para siempre, en el mismo gozo de su propio Hijo. Angeles y santos se apresuran a aclamar a su Reina, mientras la tierra se regocija también de haber dado al Cielo la joya más brillante.


Glorificación del Alma de Nuestra Señora

Hoy es el "día natal" de Nuestra Señora, en el cual celebramos al mismo tiempo el triunfo de su alma y el de su cuerpo. Detengámonos un instante ante esta glorificación del espíritu, tal vez menos advertida por ser común a todos los Santos. La entrada del alma de María en la visión beatífica es un hecho de un esplendor y de una riqueza que arroja una luz incomparable sobre nuestras más altas esperanzas. Cierto que no nos podemos figurar la belleza de esta suprema "revelación", donde la mirada tan pura ya y tan penetrante de la más perfecta de las criaturas se ha dilatado repentinamente ante un abismo de Belleza infinita. Intentemos al menos, con la ayuda de la gracia divina, levantar nuestros pensamientos hacia la cumbre, misteriosa todavía para nuestra vista, en la cual se realiza este prodigio.

Y, efectivamente, bien se la puede llamar cumbre, ya que es el término de un constante y largo subir. Llena de gracia en el instante mismo de su Concepción, la Inmaculada no cesó nunca de crecer en este mundo ante el Altísimo.

La Anunciación, Navidad, el Calvario y Pentecostés han jalonado ese crecimiento extraordinario. El amor virginal y maternal se han enriquecido y elevado en cada una de esas etapas, tendiendo hacia una cima a la que ninguna otra pura criatura podrá llegar nunca. La luz de gloria que de repente invade al alma de María y la hace ver en toda su magnificencia las grandezas de su Hijo y su propia dignidad maternal, sobrepuja también, y con mucho, a la gloria de todos los Angeles y de todos los Santos. Después de la santa Humanidad de Cristo, sentado a la diestra del Padre en el Santuario de la Divinidad, no hay nada en el mundo tan perfecto como esta alma maternal, radiante de pureza, de beldad, de ternura y de alegría: Beata Mater!

Esta entrada triunfal en la eterna Bienaventuranza ¿hará posible en el alma de María un nuevo crecimiento? En cuanto a ella misma, no: todo se ha cumplido de manera perfecta; no es posible crecer en la Eternidad. Totalmente abierta a los esplendores del Verbo, Hijo suyo, en el alma de María se realizan por fin de modo acabado todas las exigencias de su vocación sublime. Su alma es el alma de una Madre de Dios perfecta.

Pero María sólo tuvo por Hijo a Jesús. Madre de Dios Salvador, lo es también de todos los que vayan a beber en las fuentes de la salvación. Su maternidad de gracia irá amplificándose hasta el fin del mundo. El alma de María ve en la luz beatífica a todos sus hijos y todos los designios de Dios sobre cada uno de ellos: pronunciando un fiat a impulsos del amor, da su consentimiento a esta universal Providencia, en la que, por disposición divina, su propia intervención no tiene límites. De esta manera se une al Sumo Sacerdote que no cesa un instante de implorar en nuestro favor la Misericordia del Padre. Su oración consigue para la Iglesia de la que es figura y dechado, una Asunción permanente hasta que se logre de un modo definitivo la "plenitud" del Cuerpo Místico. Mientras llega esa apoteosis, el alma bienaventurada de María, "emplea su cielo en hacer bien en la tierra", mejor que cualquier otro santo. Demos, pues, libre curso al entusiasmo de nuestra alegría. A nuestra confianza filial añadamos la gratitud. Celebremos dignamente a nuestra Abogada, Mediadora y Madre, que ocupa el puesto de Reina junto al trono del Cordero.


Fe de la Iglesia en la Asunción de María

Hace ya muchos siglos, sin que nadie haya podido puntualizar de un modo exacto cuándo empezó esta creencia, afirma la Iglesia católica que el cuerpo de María está en el Cielo, unido a su alma gloriosa. Este privilegio del Cuerpo de Nuestra Señora es lo que distingue al misterio de la Asunción. El primero de noviembre del Año Santo de 1950, el Papa Pío XII, atendiendo a los votos unánimes de los obispos y de los fieles, proclamó solemnemente como "dogma revelado, que María, la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, al fln de su vida terrestre fué elevada en alma y cuerpo a la gloria del Cielo". (Constitución Apostólica "Munificenttissimus Deus.")

La definición no puntualiza si Maria pasó sin morir de la Tierra al Cielo, o si tuvo que morirá como su Hijo, y resucitar antes de entrar en la gloria. El privilegio insigne de la Concepción Inmaculada, la virginidad y la perfecta santidad de María, ciertamente la podían haber hecho inmortal. Pero la Madre del Salvador, que imitó siempre a su Hijo fidelísimamente, quiso sin duda seguirle hasta la tumba. ¿Acaso no debía ella, como El y todos nosotros, triunfar principalmente y de modo completo del pecado y de la muerte mediante una gloriosa resurrección?


Las Leyendas

 Algunas leyendas apócrifas que se propagaron al fln del siglo cuarto, han vulgarizado diversos relatos espectaculares, maravillosos y a veces incoherentes sobre la muerte de María y el traslado de su cuerpo al Paraíso. Los apóstoles, según esas leyendas, se reunieron de modo milagroso junto a la Madre del Salvador, y estuvieron presentes a su muerte y a sus funerales. Santo Tomás, que llegó bastante más tarde, motivó la apertura del sepulcro y entonces se pudieron cerciorar de que el cuerpo de la Santísima Virgen había sido trasladado a un sitio solamente conocido de Dios. Es del todo necesario distinguir entre nuestra fe y nuestras verdades teológicas, por una parte, y esos documentos de ningún valor, que tal vez nacieron en el seno de comunidades heréticas, por otra. La predicación y la enseñanza pastoral nada tiene que aprender de las adiciones desacertadamente hechas al relato evangélico de la resurrección del Señor. En vez de servir de fundamento a la fe de la Iglesia en la Asunción, esas leyendas retrasaron por muchos siglos la unanimidad perfecta de la creencia católica. El pensamiento cristiano tuvo primero que desprenderse de su desafortunada influencia, para llegar a distinguir claramente los verdaderos motivos que inducen a considerar la Asunción corporal de María como una verdad, de fe.

Martirologio Romano 15 de agosto


LA ASUNCIÓN
DE LA BIENAVENTURADA
VIRGEN MARÍA

LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

María ha elegido la mejor parte,
de la que jamás será privada.
(Lucas 10, 42)

  • La Asunción de la santísima Virgen María, Madre de Dios.
  • En Cracovia de Polonia, el tránsito de san Jacinto, Confesor, de la Orden de Predicadores, que fue canonizado por el Papa Clemente VIII; su fiesta se celebra el 17 de Agosto.
  • En Alba Real de Hungría, el tránsito de san Esteban, Rey de los Húngaros y Confesor, el cuál, adornado de celestiales virtudes, fue el primero que convirtió a la fe de Cristo a los Húngaros, y en el mismo día de la Asunción fue recibido por la Virgen Madre de Dios en el cielo. Su fiesta principal, por disposición del Papa Inocencio XI, se celebra el 2 de Septiembre, cuando, por intercesión del santo Rey, fue bizarramente recuperada por el ejército Cristiano la inexpugnable fortaleza de Buda.
  • En Roma, en la vía Apia, san Tarsicio, Acólito, al cual, habiendo encontrado los Paganos cuando llevaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo, comenzaron a preguntarle qué llevaba; pero, teniendo él por cosa indigna descubrir las margaritas a los puercos, fue por ellos apaleado y apedreado hasta que expiró; y registrado por los sacrilegos pesquisidores el cuerpo, no hallaron ni en sus manos ni en sus vestidos rastro del Sacramento de Cristo. Los Cristianos recogieron el cuerpo del Mártir y lo enterraron honoríficamente en el cementerio de Calixto.
  • En Tagaste de África, san Alipio, Obispo, discípulo que había sido de san Agustín, y después su compañero en la conversión, su colega en el oficio pastoral y su valiente conmilitón en los combates contra los herejes, y últimamente compartícipe en la gloria celestial.
  • En Soisons de Francia, san Arnulfo, Obispo, y Confesor.
  • En Roma, san Estanislao de Kostka, Polaco, novicio de la Compañía de Jesús y Confesor; el cual, consumado en breve, llenó por la angelical inocencia de vida largos años; y fue puesto por el Sumo Pontífice Benedicto XIII en el catálogo de los Santos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



LA ASUNCIÓN 
DE LA BIENAVENTURADA
VIRGEN MARÍA

La vida de la Santísima Virgen, después de la Ascensión de Jesucristo, no estuvo exenta de sufrimiento. Sufrió al verse separada de su Hijo muy amado, y sin cesar suspiraba por el día en que podría reunirse con Él. Aumentaba su mérito al infinito mediante la práctica constante de las más heroicas virtudes. Llegó, por fin, el dichoso día de su muerte y su alma se separó de su castísimo cuerpo, sin dolor ni violencia. Mas, la noche siguiente al día en que se depositó ese cuerpo en el sepulcro, su alma descendió del cielo, reuniose con él y fue a colocarse en el cielo a la derecha de Jesucristo, en el trono que le había sido preparado.

MEDITACIÓN
SOBRE EL TRIUNFO DE MARÍA

I. La Santísima Virgen muere sin dolor y sin temor, con inefable deseo de ir a juntarse con su adorable Hijo. El amor divino es quien desprende su hermosa alma de su envoltura mortal. Tú también morirás; pero, ¿cómo morirás? ¿En el dolor y en el temor? Aprende de María a vivir bien para morir bien. Pídele la gracia de morir santamente. Ella la concede a sus servidores; y cuando te halles en ese terrible momento, dile con Justo Lipsio: Santa María, socorre a mi alma en lucha con la eternidad.

II. La Santísima Virgen resucita algún tiempo después de su muerte; ese cuerpo castísimo que había llevado a Jesucristo no debía sufrir la corrupción del sepulcro. ¡Oh, Virgen Santísima, qué alegría me causa el favor que se os ha acordado! Cuerpo mío, tú también resucitarás un día; pero, ¿será para la gloria o para los sufrimientos eternos? Lo ignoro, o más bien, sé que seré predestinado si soy un servidor fiel de María. Ningún servidor de María perece eternamente (San Bernardo).

III. ¡Cuán admirable es el triunfo de María! Entra en el cielo con cuerpo y alma; los ángeles salen a su encuentro; el Padre eterno la reconoce como Hija, Jesucristo como Madre, el Espíritu Santo como Esposa. Es elevada sobre los coros de los Ángeles y colocada en un trono al lado de su Hijo. Valor, ¡alma mía!, nada hay que no puedas obtener por medio de la Madre de Dios. Su poder es infinito y su amor es igual a su poder. ¿Qué hice hasta ahora para merecer su protección y sus favores?

La devoción a la Sagrada Familia.
Orad por la Iglesia.


ORACIÓN
Perdonad misericordiosamente, Señor, las faltas de vuestros servidores, y, dada la impotencia en que nos encontramos de agradaros por nuestros propios méritos, concedednos la salvación por la intercesión de Aquélla que Vos elegisteis para que fuera la Madre de vuestro Hijo, Nuestro Señor, que, siendo Dios, vive y reina con Vos
en unidad con el Espíritu Santo.

Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.



lunes, 14 de agosto de 2017

R.P. Leonardo Castellani: Breve Introducción a los Evangelios I







"El Evangelio de Jesucristo"
R.P. Leonardo Castellani



BREVE INTRODUCCIÓN A LOS EVANGELIOS


I. Composición

Los cuatro Evangelios Canónicos (de Mateo, Marcos, Lucas y Juan) son los únicos documentos fidedignos que tenemos de los hechos y dichos de Cristo.

Como verá aquí el paciente lector, SON fidedignos.

El contenido de los Evangelios constituye la Catequesis Apostólica; quiere decir que ese contenido permaneció durante algún tiempo en la memoria de los recitadores (los nabís y meturgemanes hebreos) antes de ser fijado por escrito. La memoria de estos recitadores es un prodigio, y su fidelidad constituye un deber profesional; puesto que en los llamados medios de estilo oral –donde no vige la escritura, y el libro no existe o es raro– constituyen la imprenta viva y los depositarios del Tesoro –espiritual y moral– de la raza. Cristo fue uno de ellos.

Estos recitadores hebreos (los rabbís, nabís y meturgemanes) no son un fenómeno especial, han existido en todos los pueblos en la segunda etapa de la vida de la lengua: rapsodas griegos, brahmanes hindúes, poetas árabes, guslares rusos, ritmadores touaregs, juglares de la Edad Media... hasta nuestros payadores. Tampoco su memoria es un fenómeno inexplicable. He aquí lo que atestigua Fr. S. Krauss, psicólogo alemán investigador de las facultades mnemónicas de los guslares, por ejemplo:

Los “guslares” son recitadores nómades –iletrados pero ciertamente no ignorantes– entre los eslavos meridionales... La opinión popular atribuye a estos individuos una memoria a prima faz sorprendente: os nombran algunos que saben 30.000, 40.000 y aún más de 100.000 “esquemas rítmicos”.
Ahora bien, por sorprendente que sea el pueblo dice verdad. Y el fenómeno es explicable: los recitados de los guslares –parecidos en esto a los recitados de Homero, de los profetas hebreos, a las epístolas de Baruch, de San Pedro y San Pablo, a los delicados paralelismos chinos– son una yuxtaposición de clisés relativamente limitados. El desarrollo de cada clisé se hace automáticamente, de acuerdo a leyes fijas...
“Un buen guslar es el que juega con sus clisés como con un mazo de barajas, que los ordena diversamente según lo que quiere inculcar. Cada guslar por lo demás tiene su estilo que le es personal. Uno de estos recitadores que ayudaron a Krauss, un llamado Milóvan, cuya memoria era sólo “ordinaria”, podía recitar 40.000 esquemas rítmicos en fila. Instructiva también es la constatación siguiente: el 18 de marzo 1885 Fr. S. Krauss se hizo recitar en presencia de Milóvan un recitado de 458 esquemas rítmicos, que Milóvan repitió palabra por palabra el 4 de octubre del mismo año, siete meses y medio después - nueve meses más tarde, Krauss se lo hizo repetir otra vez: las variantes fueron insignificantes (1).


II. Fechas

Esta catequesis apostólica rítmico-mnemotécnica se fijó por escrito entre los 7 y 63 años después de la muerte de Jesús. La fecha de escrición de cada uno de los Evangelios ha sido largamente investigada y tesoneramente discutida durante los dos últimos siglos, a impulsos de la crítica racionalista, que propendía a fijar tal fecha lo mas lejos posible.

Actualmente esa fecha está fijada con bastante aproximación (2); a saber –según la sentencia de Cornely–:


Evangelio de Mateo: hacia el año 50.
Evangelio de Marcos: hacia el año 55.
Evangelio de Lucas: hacia el año 60.
Evangelio de Juan: hacia los años 95-100


Veamos como ejemplo la puesta por escrito del Segundo Evangelio, según el testimonio de Papías –siglo I– y San Clemente de Alejandría –siglo II–:

“Marcos que era el “meturgeman” de Pedro, puso por escrito palabra por palabra todo lo que él había retenido de coro; sin embargo, no lo puso en el mismo orden que fue dicho o hecho por Cristo, porque él no había oído al Señor ni lo había seguido; sino que más tarde había seguido a Pedro, el cual enseñaba según la bisoña pero sin dar por orden los Recitados del Señor, de suerte que Marcos no ha hecho ninguna falta poniendo por escrito la catequesis de Pedro conforme la había aprendido de memoria porque se aplicó únicamente a no omitir nada y a no alterar en lo más mínimo [los esquemas rítmicos]...
 
“Cuando Pedro hubo predicado públicamente la Palabra en Roma y recitado la Buena Nueva bajo a inspiración del Espíritu, muchos de sus auditores suplicaron a Marcos, que de mucho antes lo acompañaba [como meturgemán] y sabía de memoria los Recitados, que pusiera por escrito lo que él [por su oficio] repetía. Marcos escribió pues su evangelio y lo entrego a los que lo pedían. Lo cual habiendo sabido, Pedro no se opuso a la obra de su intérprete, aunque tampoco hizo nada para alentarla” (3).

Lucas a su vez fijó la catequesis de San Pablo; pero completándola con adjuntos de otros recitadores, para lo cual viajó a Palestina; y esforzándose en seguir a cronología, de que los dos primeros Evangelios no curan mucho, pues Mateo recitó para convencer a los judíos y Pedro para enseñar a los romanos; de modo que el sus catequesis el orden lógico prima sobre el cronológico.

En cuanto a Mateo y Juan, ellos fueron discípulos desde el comienzo; y por tanto no tuvieron mas que poner por escrito lo que cuidadosamente hablan aprendido por oficio y
misión; y que repetían continuamente, como fonógrafos vivos, en sus respectivas ecclesias.

Así la Providencia conservó para nosotros, por un medio adecuado, la Palabra de Dios. Cristo sabía escribir, pero no escribió ningún libro ¡dichoso él!; no tenía editores, pues la breve y hermosa Carta de Nuestro Señor Jesucristo al rey de Edessa, Abgaro V, es un apócrifo de los primeros tiempos, que Eusebio trasladó al griego de la lengua siríaca y anunció haber sido encontrada en los archivos públicos de Edessa. Lo que es probable que existiera es una respuesta oral de Cristo al rey Abgaro, su contemporáneo, cuyo contenido paso a esa carta apócrifa; conforme a testimonios antiguos, y conforme a lo que leemos en el Evangelio, de los “gentiles que rogaban a Cristo fuese a verlos”, petición que él declinó por entonces, prometiendo enviarles sus Discípulos; pues “no he sido enviado sino a las ovejas que perecieron de la casa de Israel”.

Cicerón tenía tres esclavos taquígrafos que lo seguían a todas partes apuntando todo lo que decía, Cristo lanzo sus recitados al viento, aparentemente; en realidad os deposito en receptáculos vivientes más fieles que un taquígrafo. Varias obras escritas de Cicerón se han perdido; la Palabra ha permanecido.

La predicación del Evangelio fue y sigue siendo esencialmente oral. Los protestantes, que clausuran su fe dentro de un libro sagrado, son gentes de estilo escrito y yerran por limitación. Al dar a todo el mundo licencia para hacerse su religión en la lectura de un libro – difícil y muy intrincado– de donde para ser religioso hay que ser “alfabeto”, el protestantismo en vez de popularizar la religión –no hay nada más popular que la enseñanza oral– la aplebeyó: la rebelión de Lutero está al comienzo de lo que llaman hoy “la rebelión de las masas”. Lutero “ha sido el hombre más plebeyo del mundo –dice con murria Kirkegor–: sacando al Papa de su cátedra, instaló en ella la opinión pública”. Parecerá exagerado; pero hay un lazo directo aunque invisible entre el doctor Martín Lutero, sabedor del hebreo, el griego y el latín y erizado de textos paulinos, y Germán Ziclis han existido siempre en el mundo; pero no enteramente sueltos y boyantes como ahora.

No decimos esto para que no se lea el Evangelio: aquí se lee demasiado poco. Lo decimos para dejar sentado que la religión de Cristo no se fundó sobre un libro –como de hecho ninguna otra religión– sino sobre la predicación y acción de un soberano nabí; la cual por suerte se fijó más tarde con toda fidelidad por escrito; pero sin dejar nunca de ser lo que fue. De hecho, las principales Iglesias protestantes han retornado a la predicación oral como principal medio de cultivo religioso.


III. Los Apócrifos

Al lado de los Cuatro Evangelios Canónicos, nos han llegado una buena copia (unos 62 según Fabricio y el Pseudo Gelacio) de evangelios apócrifos –sin contar los que se han perdido– de redacción posterior y anónima; y muchas veces turbia. Apócrifo aquí significa simplemente que no están en el Canon de los libros sagrados: no han sido reconocidos por la Iglesia como parte de la revelación cristiana.

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